lunes, 19 de agosto de 2013
Educación inclusiva
Si observamos la historia “el cazo de Lorenzo” y lo comparamos con lo que ocurre en el aula, podemos observar que el cazo u olla que Lorenzo carga y que le dificulta desenvolverse es semejante a las diversas dificultades que presentan los alumnos, estas dificultades pueden ser sociales (problemas de adaptación con sus pares, casos de violencia doméstica), psicológicas (depresión, bipolaridad, discapacidad intelectual), o médicas (diferentes discapacidades). Lo importante es saber si queremos hacer algo por ellos.
Al igual que las personas que miraban distinto a Lorenzo, nosotros como profesores podemos caer en el mismo prejuicio, no observar al alumno que estamos educando, olvidarlo como persona y enfocarse solo en mirar y culpar su problema. Muchos docentes esperan trabajar con grupos de alumnos homogéneos y así evitar al máximo las dificultades que puedan retrasar los objetivos de aprendizaje. Como consecuencia de esto segregamos a alumnos solo por ser diferentes o por no tener las capacidades que nosotros esperamos que tengan, lo que puede provocar que estos sientan que no tienen valor como estudiantes, o que no cumplen las expectativas de sus padres, pares y profesores.
¿Cuántas veces hemos escuchado a un docente decir que no se esforzarán en enseñarle a un alumno porque es lento, tonto o inquieto? Esta forma de pensar de algunos docentes se ve en muchos de los casos, ligada a una completa desinformación y/o poco o nulo interés de la vida, características y aspectos personales del alumno cuestionado, y lamentablemente muchos de estos terminan como Lorenzo, escondidos, esperando no ser cuestionados ni peyorizados por sus dificultades.
La pregunta que debemos hacernos es ¿queremos ser como las personas que solo observan los problemas y dificultades de Lorenzo, sin importarnos como es él, ni que pasa por su mente?
Espero que al enfrentarnos a casos como el de Lorenzo, seamos como la señora que lo saca de su escondite, que podamos convertir las debilidades de nuestros alumnos en puntos fuertes, que les enseñemos a expresarse y que puedan vivir sin etiquetas, ni limitaciones, que logremos sacar lo mejor de ellos y le ayudemos a enfrentar y sobrellevar cualquier dificultad que se les presente. La actitud de la señora que ayuda a Lorenzo, nos inspira para que, nosotros como docentes, logremos un mayor compromiso con los alumnos, nos enfoquemos en darles herramientas para que se superen cada día y logremos con esto atender las necesidades de aprendizaje de todos los niños y jóvenes con especial énfasis en aquellos que son vulnerables a la marginalidad y la exclusión social.
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